Estos fenómenos forman parte del panorama climático mediterráneo, debido a las condiciones del territorio. Pero la intensidad de las precipitaciones ha crecido en las últimas décadas debido al cambio climático provocado por las actividades humanas.
Un estudio internacional liderado por la Estación Biológica de Doñana, basado en más de cuatro millones de registros recopilados entre 1921 y 2020, constata que la mayoría de las especies de abejas silvestres y la mitad de los sírfidos analizados han reducido su área de distribución geográfica en el continente, pese a que la riqueza total de especies se ha mantenido relativamente estable
El Sistema MoMo estima que entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre se han producido más de 5 800 muertes achacables a las altas temperaturas, récord de la última década. Las personas más afectadas son las mujeres mayores.
En un contexto de crisis climática, la ciencia estudia cómo reforzar las áreas naturales con especies vegetales mejor adaptadas que mantengan el microclima de muchos ecosistemas. Se avanza hacia un paisaje más ‘africanizado’.
El reciente episodio de lluvias torrenciales en Cataluña ha dejado inundaciones, desbordamientos y graves daños en distintos puntos del territorio. Estar preparado frente a estos fenómenos requiere no solo avanzar en la predicción, sino también que la población conozca el riesgo y sepa responder ante las alertas. María del Carmen Llasat reivindica la participación ciudadana y advierte sobre los efectos de la desinformación en situaciones de emergencia.
Una investigación en los Cayos de Florida muestra que reducir temporalmente la exposición a la radiación solar puede mitigar el blanqueamiento de los corales durante episodios de temperaturas marinas extremas e incluso favorecer la recuperación parcial de su color.
La desinformación climática crea confusión, duda y erosiona la confianza en los mensajes lanzados por las instituciones científicas. La percepción del riesgo se desdibuja y disipa, lo que incrementa nuestra vulnerabilidad a los impactos del cambio climático en la salud o en la economía.
Una nueva investigación estima que los nacidos en 2025 estarán más expuestos a condiciones de calor, sequedad y viento que favorecen la propagación de estos fuegos. Si se mantienen las políticas actuales, la exposición será especialmente elevada en el Mediterráneo, donde podría ser hasta 2,5 veces mayor que para quienes nacieron en 1950.
Desde verlo como un ‘castigo divino’ hasta hacer rituales ancestrales con glaciares casi desaparecidos o plantas en peligro de extinción, la crisis climática amenaza culturas de todo el mundo que tienen muy poca responsabilidad en la causa del fenómeno.
Un nuevo análisis de mediciones recopiladas entre 1950 y 2025 revela que estos cambios se extienden bajo la superficie. El fenómeno se intensifica especialmente en el Adriático, donde las aguas que se hunden son hoy más cálidas y saladas, con posibles consecuencias para la circulación y la vida del fondo marino.